Palencia combina un polo industrial de peso —la planta de Renault en Villamuriel de Cerrato y la extensa red de proveedores auxiliares del automóvil que trabaja a su alrededor, entre Palencia capital y el eje de Venta de Baños— con un sector agroalimentario histórico ligado a la harina, el cereal, la remolacha azucarera y las cooperativas agrarias de la Tierra de Campos, y con una pyme de servicios, comercio y hostelería repartida entre la capital y municipios como Guardo, Aguilar de Campoo, Astudillo o Saldaña. Muchas de estas organizaciones tratan datos de empleados con controles de acceso y videovigilancia en planta, datos de proveedores integrados en cadenas de suministro de terceros —muchas veces con auditorías propias de calidad y seguridad— y, en el caso de cooperativas y empresas agrarias, datos de socios agricultores sujetos a normativa sectorial adicional sobre ayudas de la PAC y trazabilidad. La designación de un DPO es obligatoria para varias de estas organizaciones por imperativo legal, y recomendable para el resto porque formaliza un punto de contacto único ante la AEPD y ordena una función que, de otro modo, suele quedar repartida sin criterio entre gerencia, recursos humanos y el proveedor informático.
El artículo 37.1.a del RGPD obliga a designar DPO a cualquier administración pública o entidad vinculada, lo que en la provincia palentina alcanza a la Diputación de Palencia, al Ayuntamiento de la capital y a los organismos autónomos municipales, así como a los ayuntamientos de mayor tamaño de la provincia que prestan servicios digitales al ciudadano. El artículo 34 de la LOPDGDD amplía la lista en España a centros sanitarios con historia clínica, centros docentes de cualquier nivel reglado y universidades, entidades financieras y aseguradoras, colegios profesionales, entidades responsables de ficheros comunes de solvencia patrimonial y crédito y entidades de publicidad y prospección comercial que elaboran perfiles de los afectados, entre otros supuestos. A ellas se suman las organizaciones que, sin estar obligadas por ley, prefieren contar con un DPO externo porque cada vez más clientes industriales grandes —incluidos fabricantes de automoción con centro logístico en Castilla y León— lo piden como requisito previo a firmar un contrato de suministro o de servicios, dentro de sus propios procesos de homologación de proveedores.
En Palencia el número de despachos especializados en protección de datos con atención presencial real es reducido: buena parte del mercado se cubre desde consultoras generalistas de Madrid o Barcelona que gestionan la relación por correo electrónico y no pisan la provincia salvo excepción, o desde gestorías que añaden el RGPD como servicio complementario sin dedicación específica a la figura del DPO. Summum Consultoría, con sede central en Valladolid y presencia habitual en Palencia, ofrece la alternativa contraria: un DPO al que puedes llamar, con el que puedes reunirte en persona para revisar el registro de actividades, resolver una duda sobre un tratamiento nuevo o preparar una inspección de la AEPD, y que conoce de primera mano la realidad de una pyme industrial palentina, de una cooperativa agroalimentaria de la Tierra de Campos o de un centro educativo de la capital, sin aplicar el mismo protocolo que a un despacho de abogados de una gran ciudad.
El servicio de DPO externo no sustituye a la adecuación completa al RGPD cuando la organización parte de cero — para eso está nuestro servicio de protección de datos en Palencia, que resuelve el registro de actividades, las políticas de privacidad y los contratos con encargados del tratamiento —; el DPO externo es la figura que se añade encima cuando la designación es obligatoria por sector, o cuando la organización quiere reforzar su sistema con un profesional formalmente registrado ante la AEPD y con capacidad real de interlocución. En organizaciones que ya cuentan con un sistema de protección de datos mínimamente ordenado —por ejemplo, tras haber pasado por el Kit Digital— el trabajo inicial del DPO externo consiste sobre todo en auditar lo existente, corregir lo que no se sostendría ante una inspección y asumir la función de supervisión de forma continuada, sin rehacer desde cero lo que ya funciona.